Juande Ramos es un magnífico entrenador que hace prácticamente un año demostró ser un enamorado ciego del color del dinero. El manchego, pretendido por el Tottenham desde muchos meses atrás, no dudó en dejar en la estacada al Sevilla en plena temporada con un vestuario roto por el fallecimiento de un compañero, a pesar de que se había comprometido públicamente a seguir hasta junio de 2008. Ha pasado un año desde entonces. El Sevilla sigue siendo una referencia arriba y Juande, aunque ganó un título, está en la cuerda floja, con el Tottenham colista, haciendo el ridículo domingo tras domingo.
Juande prefirió sacrificar un proyecto deportivo serio, uno de los más fiables y consistentes que hay en España, por un puñado de libras. El tiempo ha demostrado que el Sevilla de los títulos no era únicamente el Sevilla de Juande, sino el de unas estructuras sólidas que trasladan los nombres (Reyes, Baptista, Sergio Ramos, Saviola o el propio Juande Ramos) a un segundo plano. Se fue Daniel, pero el Sevilla ha sabido armarse y reinvertarse, gracias al buen criterio de Monchi y a la ambición, siempre desmedida, de su presidente, un hombre, José María del Nido, que cuando cogió al equipo arruinado no se acomplejó y pronosticó que el Sevilla estaría entre los mejores de España a corto plazo. En Nervión, está quedando demostrado, prima el proyecto por encima de cualquier individualidad.
Pero volvamos a Juande. Digo que Juande prefirió sacrificar un proyecto deportivo serio por un puñado de libras, porque él era muy consciente de que los dueños del Tottenham usan el club para ganar dinero, siempre dando la espalda a un crecimiento deportivo de bases sólidas. Seguramente se lo advirtieron, pero a él le dio igual. En una columna que leí hace un tiempo, el gran Sid Low comentaba este asunto, haciendo ver que en los Spurs se impone siempre el negocio por encima del fútbol.
Juande pidió una serie de cosas este verano y no le dieron nada. Sobre todo, insistió en la permanencia de Berbatov y que en caso de que se fuera, se marchara con tiempo en el horizonte para poder fichar un recambio de garantías. Pero Daniel Levy y sus chicos le ignoraron y agotaron el cierre del plazo de fichajes para venderlo por la máxima cantidad posible al United. También vendieron a Keane, y a muchos más jugadores que el propio manchego descartó. Lo que le han traído no está mal, pero quizás son todos jugadores jóvenes que ni de lejos pueden aportar lo que daban estrellas como Berbatov y Keane. Lo que le está pasando al equipo no es culpa directa de Juande, sino de unos directivos que sólo velan por el dinero, pero él consintió y ahora sufre las consecuencias.
Se equivocó Juande. Pensaba que iba a tener el poder absoluto que se le negó en el Sevilla, porque aquí es Monchi, cómo para que no fuera él, quien tenía la voz cantante en los fichajes. Juande fue iluso pensando en el mando que supuestamente iba a tener, no se preguntó por qué razón el Tottenham con inversiones millonarias cada año nunca hace nada. No pidió consejo a su predecesor, Martin Jol, un excelente técnico que acabó estrellado como él, porque tampoco contó con la voluntad plena de los directivos para hacer un equipo capaz de pelear por todo.
Ahí está Juande, el hace un año entrenador de moda, agonizando en White Hart Lane por sus propios errores, por priorizar el billete antes que el balón. Y ahí está el Sevilla, el equipo que muchos decían que después de Juande se iba a ir al garete, demostrando que en Nervión todo se rige por una planificación deportiva seria y rigurosa en la que los nombres no tienen un peso fundamental.
Si siguen las cosas así, a Juande le acabarán echando en unas cuantas jornadas… Le tendrán que pagar una millonada, porque obviamente no va a perdonar ni una libra. Se quedará de nuevo en el paro, con los bolsillos llenos, pero con el caché por los suelos. Al final Juande, ese que en el Español en la campaña 02/03 duró cinco jornadas por cosechar un balance de un punto de quince posibles, resulta que no era un ser divino. Se equivocó por un puñado, es cierto que un puñado maravilloso, de libras esterlinas.