Eligieron un buen día Romaric y Konko, los dos fichajes más controvertidos del Sevilla hasta la fecha, para reivindicarse. Para demostrar que pueden ser jugadores determinantes, ni más ni menos que la condición que viene exigiendo desde hace unos años el Sevilla para otorgar un dorsal. En un abrir y cerrar de ojos, Romaric y Konko alisaron el arranque en la liguilla de la UEFA ventilándose al Stuttgart, que no duró ni un cuarto de hora. Así que aprovechó el Sevilla para dar un paso más en su progresión. Aprovechó para ganar sin tener el estómago encogido, con placidez y sobradura. El personal de gol norte , de hecho, ya se dedicaba a asuntos menores antes de acabar la primera parte, como pedir la dimisión del director de márketing, por el asunto de las camisetas.
La mezcla de Romaric con Fazio le sentó bien, y le liberó para tejer. Lo de Romaric es la seda, por eso Lehmann y medio estadio se quedó helado con el zurriagazo que le mandó a su escuadra. Él se había fabricado la falta, ladeada, y hacia el balón se dirigió con cierta pachorra antes de descargar el violento impacto. Un tiro tremendo con el sello de un futbolista diferente, al que le está costando convencer. La gente esperaba una pantera y resulta que ha venido un delineante. Acabará "La Roca", agradeciendo el cambio.
De inmediato, a la estela de Romaric, tal vez animado con el ejemplo de su colega, se descolgó Konko. Fue la primera sorpresa. Dobló a Navas, pidió la bola, recortó y se perfiló para su zurda, su pata de palo. Desde ahí colgó una rosca con veneno que Renato remachó. Eso ya no fue ninguna sorpresa, pero para entonces el cortocircuito se había producido en las básicas entendederas de los alemanes. En un minuto, el Sevilla había inventado más de lo que el Stuttgart hará en media temporada.
Un Stuttgart menor
La falta de imaginación del Stuttgart no fue ninguna sorpresa. Al fin y al cabo, ése es el virus que ha ido carcomiendo, lenta pero irremediablemente, al fútbol alemán desde su última época de gran esplendor, los 80, poco de los 90. Les costará reinventarse, sobre todo si siguen perdiendo otras señas de identidad, su ardor, su competitividad. Nada de eso se vio anoche en un Stuttgart que metabolizó su inferioridad en el vestuario y no perdió tiempo en arriar la bandera blanca. Sencillamente lamentable. De la quema no se libró nadie. Ni Hitztlsperger, inexplicablemente un valor al alza. Ni Mario Gómez, que siempre tuvo la atalaya fuera de juego. Ni Boulahrouz, que el año pasado fue un fraude en el Sevilla y hoy lo es en el Stuttgart.
Los alemanes ni siquiera consiguieron envalentonarse por su ventaja de envergadura ante los pitufos atacantes del Sevilla. En fin. Tampoco se animó el Stuttgart cuando el Sevilla se quedó sin delantera. Como lo oyen. Acosta sufrió un pinchazo, se probó en otra carrera y notó que estaba roto. A los 20 minutos, se convirtió en el quinto punta sevillista que cae esta temporada.
Jiménez llevó entonces hasta el área a Jesús Navas y le dio cancha a De Mul, un extremo con un dificil futuro en Nervión. Tiene la desgracia de competir con Navas, el tipo de jugador que antes (recuerdan a Haesler, a Littbarski) hacía diferentes, tal vez triunfadores, a equipos alemanes como el Stuttgart.

