Al bajarnos del autocar que nos llevaba desde el hotel AC Cuzco al estadio Vicente Calderon vimos a un grupo de seguidores retenidos por un gran número de agentes antidisturbios. Al intentar informarnos de que estaba ocurriendo ya que imaginamos que serian del Sevilla F.C. por la noticia de la detención de 18 seguidores sevillistas, comprobamos que eran seguidores del Atlético de Madrid, y estos miembros de seguridad nos recomendaron que lo mejor para nosotros era que entráramos inmediatamente al estadio sin detenernos en sitio alguno. Esto no es lo habitual ya que tenemos por costumbre intercambiar nuestra opinion con los seguidores locales, pero ante esta recomendación y viendo como estaba el ambiente fuera, nos dirigimos a nuestros asientos hora y media antes del partido. Una vez dentro comprobamos que estábamos situados en lo que seria en el Sanchez Pizjuan banco de pista lindando con gol norte, justo en el banderín de corner y separados por una simple reja de poco mas de 1,5 metros de altura de los seguidores del equipo madrileño situados en la zona de gol. Conforme se acercaba la hora del encuentro y que ellos iban llegando, cuantos más se reunían más nos insultaban. Pero esta no es lo grave de la cuestión, solo os lo cuento para todo aquel que no haya estado nunca en este recinto que conozca como nos tratan, el asunto es que no me puedo creer que nuestros aficionados o los de cualquier otro, vayan un partido de fútbol provistos de cuarenta y dos bates de béisbol, tres bengalas, cuatro cohetes, dos armas blancas y un spray. Todos hemos tenido dieciocho años pero siempre cuando nos hemos preparado para asistir a un partido de fútbol lo hemos hecho con la ilusión de ir a ganarle el partido al rival que sea, aunque fuese el más odiado, dentro del campo de juego. Nunca entenderé este aprovisionamiento de material bélico, (mirad la imagen del material incautado por la policía) para asistir a un encuentro de fútbol, con un lamentable final de riñas tumultuarias, peleas y desordenes públicos.
Al final dieciocho detenidos y unas setenta personas de vuelta en el autocar a Sevilla sin poder presenciar el partido que se supone que es a lo que iban.
Lamentable e incomprensible pero pensando que fue lo mejor que les podía pasar, ya que si llegan a verse las caras antes o después del partido con los miembros del Frente Atlético lo del pasado 22 de marzo (un seguidor sevillista herido por arma blanca y uno del Atlético apaleado) igual no era nada para lo que podría haber ocurrido ayer.

