Si José María del Nido repasa el álbum fotográfico, verá que hace ahora seis años estaba mucho más juvenil. El fútbol desgasta un poco más que la vida. Aunque esos últimos seis años, los que lleva este hombre como el máximo servidor del Sevilla FC, hayan sido los mejores en la historia de un club más que centenario, el fútbol hace surcos, desgasta más que la vida. Ese es el camino. Desgastarse por lo que uno ama. En ese camino hay luces y sombras como en todos los caminos. Se trata de levantarse, hacerse violencia cuando algo no apetece y seguir caminando. Y tomando decisiones.
Cuando uno llega a la presidencia de un club de fútbol sabe, aunque crea que nunca llegará lo malo, que se pone en el centro de la mirada crítica y el juicio permanente de todos. Y todos son los medios de comunicación y los aficionados, que también son todos. Los unos y los otros. Los de casa y los de fuera. Del Nido, tipo lleno de prepotencia sevillista, sabe por experiencia ajena que en este mundo del balón mucha gente se ha quedado por el camino y que gente de notable prestancia social ha llegado a perder los respetos ganados en otros ámbitos. El fútbol es una máquina que te tritura cada momento, incluso en los buenos momentos. Pasas de héroe a villano en un santiamén. Del cielo al infierno en nada de tiempo.
A pesar de ello, algo tiene el agua cuando la bendicen. Empujados por la pasión, por el amor a unos colores, por un sentimiento visceral, tal vez por la vanidad, por lo que ellos tengan dentro, más o menos confesable según sus conciencias, se suben al barco y navegan mar adentro con el norte claro: sacar adelante el proyecto y llegar a buen puerto. Esa rectitud de intención la tienen todos. Y sobre esa rectitud deben iniciarse todos los juicios que podamos hacer. Juicios parciales y finales. A veces, los parciales nada tiene que ver con los finales. Juzgamos por una decisión, por un domingo o por cuatro partidos y el análisis puede ser contrario al juicio por la trayectoria de, por ejemplo, cuatro años.
Tal vez por saber lo que hace el fútbol con un dirigente, José María del Nido, Benavente de segundo apellido, se coloca como parapeto una coraza. Conozco al presidente sevillista mucho menos que cualquiera de ustedes. Sé lo que me cuentan, bueno y malo. Sé que algunos de los que le halagan lo hacen por obligación o por estar muy cerca de él. O por ser profundos admiradores. Sé que los que maldicen o chismorrean lo malo forman parte del grupo de interesados que pretenden o su silla o simplemente les molesta el éxito de los demás. O que le quieren mal, que también puede ser. Lo que tengo claro es que Del Nido hace por el Sevilla lo mismo, exactamente lo mismo, que por uno de sus hijos o por su padre. No, no exagero. Hace lo mismo, o más, porque aprendió desde pequeño que por amor se da todo, hasta la vida. Cobres o no cobres. ¿Acaso alguien piensa que Del Nido no haría lo mismo sin percibir nada a cambio? Pues si alguien lo piensa, que deje de pensarlo. Del Nido ama al Sevilla FC. No digo que más que nadie. Digo que tanto como el que más. Y amar es entregarse olvidándose de sí. Punto.
Podrá equivocarse, que se equivoca, pero pensando en el bien del Sevilla por encima de todo. Y en ese todo están nombres propios, incluso el del mismo presidente. Al principio de esta reflexión dije que Del Nido cumple seis años como máximo servidor del club. Eso es este calvo por accidente académico en la carrera de Derecho: el máximo servidor. Eso debe ser un presidente. El que desde su gran responsabilidad se dedica a servir.
En estos seis años he sabido que está encima de todo, pero delega mucho más de lo que se piensa. Sobrevuela todo: lo deportivo, lo económico, la comunicación, el marketing. Es un poco plasta, o demasiado según los días, pero forma equipo y defiende al equipo, a su equipo. En estos seis años ha dicho muchas cosas. Si miramos atrás y echamos un vistazo a la hemeroteca, observaremos que todas sus declaraciones han estado cargadas de prepotencia, de arrogancia, de soberbia. Sí, soberbia, arrogancia y prepotencia de puertas afuera. O sea, lo que hace cualquier padre de familia con su casa. Defiende y exige. En casa, humildad y trabajo.
Del Nido sabe que, como en la vida, el fútbol va por ciclos. Que hoy ganas y mañana pierdes. Hoy estás en la Liga de Campeones y mañana eres nadie en la simple Copa de la UEFA. ¡Párense!. Un momento de pausa en la rapidez de los acontecimientos. ¿Ahora la UEFA es un fracaso en Sevilla? ¡Qué grande! El sevillismo no se conforma con la pobre UEFA. Bueno, pues Del Nido ya sabe que estar en Europa tiene a los suyos descontentos. En estos seis años el ciclo del Sevilla FC ha cambiado. Se ha equilibrado el presupuesto vendiendo nombres propios como Reyes, Ramos y Baptista comprando nombres propios como Luis Fabiano, Alves o Kanouté. Nombres propios que han estado siempre por debajo del nombre de la institución. Nombres que se unen a los que se fabrican en la cantera, en ese laboratorio perfectamente dirigido que tanto resultado produce.
Resultado, esa es la palabra final. La palabra que refleja el camino del trabajo iniciado hace seis años. Bueno, años antes, muchos años antes. Para ser exactos, desde que este hijo del 57 vino al mundo del sevillismo un 6 de agosto. Ahí empezó una pasión. Insisto: le conozco poco. Por eso me subo al carro de la palabra resultado y me fijo en el formidable palmarés del Sevilla FC en estos seis años. No, no voy a citar los logros. Los saben ustedes y lo han visto. Son producto de Del Nido. Y de su equipo. No he querido nombrar a ninguno y sé los nombres de casi todos. Pero en el nombre del presidente están todos ellos. Los que quedan y los que no. Los que están en este mundo y los que no.
Paco García Caridad / Director de Radio Marca
